Supongo que no seré la primera que te dice
que eres un bellísima persona, igual la segunda o la tercera porque para poder decírtelo
hay que conocerte muy bien, pasar horas y días a tu lado y sobre todo quererte.
Tu caso es el típico caso de “las apariencias engañan.” Me siento culpable por
no haberte cuidado todo lo que debí, quizá era muy niña o me deje llevar, tu
has sabido perdonar todo a su tiempo y como todas las personas, tu también te
equivocaste y te equivocas, eso no te lo voy a negar. Pero lo importante es que
ahora estás ahí, incluso sin darte nada a cambio estas cuando tengo problemas,
no hace falta que la gente lo sepa, yo losé y con eso sobra. Eres de las únicas,
por no decir la única, que sabes todo realmente de mi y aunque me cueste
admitirlo eso no cambiara en mucho tiempo. Tú nunca vas decir que alguien es
perfecto para mí como lo fuiste tú, quizás por miedo o por hacerme rabiar y yo
tampoco diré que ninguna es perfecta para ti por mi orgullo, mi fantástico
orgullo que tanto te gustaba. Cada vez que hablo contigo me siento como una
hermana que escucha a su hermano, le cuenta las cosas con las chicas y juntos
se ríen de lo tontas que son y tú, como buen hermano, regañas cada vez que
hablo de mi chico. Me alegra decirte que aun te quiero, de otra manera, esta
claro, pero eso me satisface. Es una sensación de buen karma cada vez que nos
despedimos, como diciendo:” ese tiempo, sin duda mereció la pena.”
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-Ahora no me sueltes la típica frase " sois todos iguales", porque eso está más que visto y una cosa así no me la espero de ti.
-Pues mira, te diré otra: vosotros, los hombres, siempre sois víctimas del amor de las mujeres, pero eso os conviene. ¿y sabes porque? para poder justificaros por el daño que le haréis a la siguiente.
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